Fotoperiodismo de bodas: una mirada purista

por MARIANO MÉNDEZ

Un análisis para conocer de qué se trata este estilo de fotografía de casamientos que es tendencia mundial y entender las ideas que sostienen su esencia.

El Fotoperiodismo de bodas, también conocido como Fotografía documental de bodas entre otras denominaciones, es un estilo de fotografía de casamientos que en los últimos años se convirtió en tendencia mundial para la cobertura fotográfica de matrimonios de todo tipo. Se basa en la captura de momentos espontáneos y la resolución de situaciones significativas de una manera natural, donde se sale del estereotipo de la clásica fotografía posada y se habilita, en la práctica, diversas variantes. Hay fotógrafos que incorporan sólo algunos aspectos de este estilo y conservan las demás particularidades de su trabajo habitual, desarrollando un concepto híbrido, que si lo llamaran exclusivamente “Fotoperiodismo de bodas” estarían faltando a la verdad en el mensaje que se comunica al cliente de manera efectiva. Otros toman un camino más radical resignificando el trabajo sobre la base de sentirse más a gusto como profesional y artista, mirada purista que procuraremos analizar.

Boda en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de la ciudad de La Plata, Argentina - Autor: Mariano Méndez | Shutters . Wedding Stories

UN POCO DE HISTORIA

Hoy hablamos de una tendencia mundial pero el Fotoperiodismo de bodas no es algo nuevo. En los años 70, en Estados Unidos y Europa, empezaron a ofrecerse coberturas de casamientos con estilo periodístico y buscando capturar momentos espontáneos, sin pose. Debido a cuestiones económicas, este estilo tardó en llegar al resto del mundo: la fotografía era analógica y las escasas 36 exposiciones que ofrecían los rollos de 35mm determinaban un incremento del presupuesto para quienes osaban incursionar en estas novedades. Fue con la llegada de lo digital que esta modalidad se popularizó y llegó a nuestras latitudes. Principalmente con la posibilidad de ampliar el límite de almacenamiento, pero también por las ventajas de exponer a gran variedad de sensibilidades ISO y, más adelante, las mejoras de calidad de imagen en situaciones de luminosidad al extremo.

 

ARTE VS. NEGOCIO

En la realidad de la fotografía contemporánea existen -a groso modo- dos sectores muy marcados: los artistas y los prestadores de servicios. Esta grieta de lo fotográfico deriva de las muchas especializaciones existentes y establece una cierta rivalidad. Dentro del ámbito de los artistas encontramos a los autores, fotógrafos que se dedican a la llamada “fotografía de autor”, y dentro de los prestadores de servicios a los llamados “socialeros”.

Los fotógrafos-autores son los que disfrutan de la fotografía en sí misma, destacándose el valor artístico de la imagen por sobre la cualidad técnica, con una importante impronta estética y, en términos generales, plasmando su trabajo dentro del género del ensayo fotográfico. Participan de concursos, festivales y bienales (donde los jurados también son artistas) con la pretensión de hacer circular su trabajo por el mundo del arte y, en menor medida, trabajan por encargo para proyectos específicos. De este trabajo secundario que llevan adelante los fotoperiodistas como complemento nace, como una de sus variantes y en tanto esta actividad se transforma en la actividad principal, el segundo tipo de fotógrafos que pretendemos estudiar: el Socialero.

Los socialeros, entonces, son los que dedican su actividad principal a la cobertura de eventos sociales, cumpleaños, casamientos, bautismos, etc. Esta actividad denota su primera finalidad como un acto comercial, es decir, se entiende que la contratación es el elemento indispensable para su concreción: si no hay dinero no hay foto, sería difícil imaginar un “Socialero por amor al arte”. A partir de esta finalidad suele surgir el prejuicio donde se pone en duda la cualidad fotográfica de estos profesionales, más allá de si el trabajo es realmente interesante o no.

Así las cosas, de la misma manera en que los autores se comprometen con proyectos que implican relaciones comerciales los socialeros buscan las rendijas para desarrollar su libertad artística y salirse de los moldes preestablecidos. En el marco del desarrollo de una propuesta estética, entonces, la finalidad comercial de los socialeros va dejando de ser “poco digna” para permitirles desarrollar el mismo aspecto artístico que rige a los autores. Pasión por la fotografía, capacitación en diversos campos, entrenamiento técnico y visual, desarrollo de ideas y conceptos son algunos de los pasos necesarios para recorrer el camino hacia un nuevo tipo de fotógrafo: el Sociartista.

 

FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL Y FOTOPERIODISMO

Desde un punto de vista histórico, antropológico y semántico, toda fotografía es documental, ya que es un documento -registro, huella o legado- que representa -entre fiel y subjetivamente- un hecho irrepetible. La fotografía de casamientos y eventos sociales, desde esta perspectiva e incluso en los estilos más tradicionales, es documental. Los clientes atesoran las imágenes como parte fundamental de la historia familiar: la foto como testimonio es un documento.

Podemos observar que dentro del inmenso mundo de la “fotografía documental de eventos sociales” se desarrollan diversos estilos, algunos tendientes a la fotografía de moda, otros centrados en lo pictórico, otros más tradicionales y, entre ellos, el Fotoperiodismo de bodas.

El fotoperiodismo -a secas- es una rama del periodismo que se relaciona con la imagen de un modo narrativo y con una carga de actualidad necesaria para su aplicación en las noticias. Ilustra un hecho reciente y relevante (actualidad), al igual que la ética periodística es fiable y representativa de los eventos indicados tanto en contenido como en tono (veracidad, precisión y objetividad), se combina con otros elementos informativos que la hacen comprensible para el espectador (narrativa) y conserva los rigores de la estética fotográfica (composición, luz, momento).

 

FOTOPERIODISMO DE BODAS

Dentro del abanico tipológico de los eventos sociales, el matrimonio es el único que conjuga dos personas (y sus dos familias) en un vínculo altamente marcado por el amor. Otros eventos familiares también son amorosos, pero están más relacionados con el paso del tiempo o empapados de actos tradicionalistas de carácter unipersonal; no tienen ni los personajes ni los matices de la historia de amor que implica casarse. La fotografía de bodas nos brinda un material más “jugoso” para la construcción de una historia de amor.

El fotoperiodismo de bodas, como empezaremos a denominar, resulta ser una tendencia fotográfica para la realización de reportajes sociales donde el fotógrafo decide correrse del protagonismo del acto fotográfico y cuidar el normal desarrollo de los sucesos en busquéda de capturar las emociones más significativas que resuman esa historia de amor. Desde la visión más purista, ya no existen directrices a los novios (protagonistas de su propia historia) que impliquen tanto una pose rígida (que naturalmente no los representa) como la interrupción de un hecho cargado de sentimiento.

 

LA ANTI-RIGIDEZ

Pensemos en una clásica imagen de casamiento: los novios enfrentados, vestidos de boda, ella con su ramo en una mano, él tomándole la otra, ambos sonrientes… pero mirando hacia la cámara como quien observa a un intruso en una situación a la que no ha sido invitado, como si dejar mirarse y dirigirle la mirada al lente de la cámara implicara salir de su intimidad y compartirla con alguien más.

El concepto es simple: la mayoría de las personas se sienten incómodas (en mayor o menor medida) al momento de posar para una fotografía. Habrá gente que lo disfrute y quienes dominen el arte de la pose gracias a una práctica profesional, como los modelos, pero no representan una mayoría.

Debemos considerar que las poses tradicionales no fueron desarrolladas exclusivamente para novios particulares luego de un proceso creativo, sino que son fruto de un esquema de trabajo automatizado, lo que pone a los personajes como marionetas de una obra de teatro que cuenta una historia ajena. Los novios no se reconocen en esas poses, no sólo porque no están acostumbrados y no saben posar, sino porque además no son propias de ellos. Según la pericia del fotógrafo, se pueden lograr poses con mayor o menor grado de naturalidad, o donde los novios se sientan más o menos (in)cómodos, pero nunca deja de ser una escena ficticia montada para la foto.

La mayoría de los que deciden casarse son personas que pretenden hacer una celebración y pasarla bien, así es que la incomodidad debe pasar a un segundo plano. Que los novios anden pendientes de los caprichos de un fotógrafo autómata ansioso por las poses rígidas está cada vez menos en los planes y lo que hoy prevalece es un recuerdo completo, verídico y emotivo sin tener que pasar por situaciones incómodas.

 

CONTAR UNA HISTORIA (DE AMOR)

Volviendo al problema artístico, los fotógrafos/artistas creadores pretenden que su obra tenga cierta fuerza o capacidad de trascendencia. Desde esta perspectiva, deberíamos abstraernos de la idea de que el fotógrafo de bodas está prestando un servicio (u ofreciendo un producto) y pensar en que fotografiar un casamiento es una oportunidad que esos novios dan al fotógrafo para expresar una idea creativa, una obra de autor.

Procurar capturar situaciones en una boda como si fueran sólo sucesos ajenos a ella, imprimiéndoles su impronta artística desde una visión más desestructurada de “lo imprescindible” y más “estructurada” de lo narrativo.

Proyectemos esta experiencia dentro de cien o doscientos años, cuando alguien tome este tipo de trabajo en sus manos y diga “así se casaba la gente en esta época” reivindicando el hecho que sucede en la imagen y no la imagen en sí misma como producto de una moda comercial. Ése sería el objetivo de este nuevo tipo de fotoperiodista de bodas. Garantizar la trascendencia de esos hechos por encima de la actualidad tecnológica, además, importaría plasmar su historia en un formato atemporal, como un libro, pero ésa ya es otra historia…

 

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