Enfoques: ¿Cómo entender el fotoperiodismo?

Kaloian Santos Cabrera

Entrevista a Julio Menajovsky. En fotoperiodismo, la política y la ideología no solo  median, sino que son condicionantes con las que hay que lidiar. Al escudriñar este campo (imagen y mensaje fotográfico; significado/significante) hablamos de una práctica social reflejada en un medio de comunicación que siempre responde a ciertos intereses. El fotoperiodismo es un modo colectivo de hacer, pensar, actuar en un lugar donde se educa, reproducen y/o actualizan, hábitos cotidianos como formas de organizarse, relacionarse, informarse y participar.

Julio Menajovsky es fotoperiodista con más de tres décadas de profesión, Profesor Titular del Seminario “La fotografía de prensa en el discurso periodístico” en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Director de la Línea de investigación “Fotoperiodismo en Argentina (PROINCOM)” en la Universidad Nacional del Centro, Rector de Fotoperiodismo Tea (2000-2003) e integrante de la Comisión Directiva de ARGRA (1997-2005) donde tuvo a su cargo el lanzamiento y la dirección de AgraEscuela.

 

Kaloian Santos Cabrera: ¿Qué podemos entender como fotoperiodismo? ¿Cuáles son sus principales características?

 

Julio Menajovsky: Definir que es la fotografía y delinear sus comarcas ha demandado y demanda aún enormes esfuerzos a epistemólogos, comunicadores, fotógrafos, semiólogos, críticos de arte, etc. sin que falte, ¿por qué habría de ocurrir?, el simple ciudadano de a pie que, en tanto usuario, también está habilitado a meter basa en el asunto. 

Tantas disciplinas y tan pocos resultados concluyentes a mi juicio indican que entre la naturaleza técnica del dispositivo y los usos sociales que se derivan de esta técnica, basculan los distintos abordajes en torno a la naturaleza ontológica de este invento que ya lleva casi 170 años de existencia. Y esto es así por que una cosa es saber que es posible fijar rayos luminosos sobre una superficie fotosensible y obtener una imagen que  guarda ciertas relaciones de iconicidad con el objeto que en determinado momento estuvo frente a la cámara, enfocado desde el lugar del operador (según una muy difundida definición de Román Gubern) y otra de qué modo el género humano se ha servido de esta capacidad técnica como plataforma para usos tan diversos como la educación, la socialización del saber, el control social, la memoria, el auxilio a la ciencias y la intervención decisiva en la construcción de identidad sobre el pasado histórico, sea este inmediato o remoto. Por caso el llamado fotoperiodismo.

A su vez no parece que definir el periodismo nos coloque en un terreno más  consolidado y seguro. También por aquí hay mucho margen que definir, no tanto a la hora de su delimitación académica, sino más bien en la ponderación de ciertos productos que se reclaman como periodísticos,  que según como se los mire o a través de que categoría se los analice, lo serán o no lo serán para nada, aunque a priori les quepa la definición.

Pues entonces una pregunta tan amplia  como ¿Qué podemos entender como fotoperiodismo? se nos aparece como una empresa aún más compleja toda vez que fotoperiodismo resulta un término compuesto que remite a la colaboración, yuxtaposición, articulación y relevo de dos disciplinas que se fundirían en un nuevo estadío que sin ser uno ni otro contiene a ambos, tornando sus fronteras, en términos de definición, en una zona que multiplica indeterminaciones y relatividades, que a su vez varían según la geografía y el momento desde donde miramos.

En tren de  desentendernos de tantos impedimentos y consideraciones epistemológicos quizás resulte sencillo decir que toda fotografía que sea utilizada como parte del discurso un medio “periodístico”, es decir, que articule con un texto que la acompaña según el resultado alcanzado en el proceso de diseño del espacio soporte, será fotoperiodismo. Y quizás no haya mucho más por decir, salvo por el hecho que esta definición nos deja sumergido en un mar de incertidumbre e improbabilidades apenas echamos una mirada sobre cualquiera de los productos que se reclaman como “periodísticos” cuyas imágenes difieren enormemente entre sí, no solo por sus contenidos semánticos, es decir lo que leemos y vemos en y a través de ellas, sino por la naturaleza que las habita. Estas discrepancias se tornan evidentes en cuanto analizamos el vínculo que las mismas tienen en su relación con entornos recortados del espacio real.

Para ser más claro diré que una primera diferencia sería cuanto denuncia el enunciado fotográfico su calidad de insumo construido y cuanto resulta escamoteado a la vista del observador la manipulación de la cual es resultado.

El sentido común y el uso más extendido de lo que entendemos por fotoperiodismo resulta ser una actividad de producción de fotografías, que dan cuenta de acontecimientos ocurridos en el espacio real visible, sobre temas de interés general y, una vez realizadas, son susceptibles de ser incorporadas al discurso de un medio  junto a textos con los que articularán significados. Dicha articulación se realiza mediante el diseño en el espacio que comparten textos e imágenes, agregándose por esta vía nuevas intervenciones en la construcción de sentido.

Pero esta mínima delimitación no contiene al conjunto de imágenes que encontramos en las páginas de medios como diarios y revistas o sitios en la Web. Dedicarnos a esas delimitaciones excede el espacio de la consulta realizada por lo cual me excuso por no profundizar en ellas.

 

KSC: ¿Qué cualidades y condiciones para el ejercicio del fotoperiodismo deben tener los profesionales que ejerzan esta disciplina?  

 

JM: En principio diría que el fotoperiodista a diferencia de alguien que solo hace fotografías, sabe qué las realiza para un “mercado”. Tiene conciencia que su imagen o el conjunto de imágenes que produce sobre un determinado tema forma parte de un dispositivo más amplio y complejo que las contiene. Mejor dicho que las contendrá ya que formarán parte de un producto mayor. La acción de fotografiar la realiza para un tiempo diferido, esa es su singularidad.

Su saber de oficio le indica que su imagen se comportará como un insumo,  que será procesado en la serie de procedimientos que constituye la producción del medio, en nuestro caso y para una buena parte de la actividad de un fotógrafo de prensa, será el discurso visual que de cuenta de acontecimientos producidos en el espacio real visible.

Es desde este punto de vista que definimos al fotoperiodismo como un oficio y al fotoperiodista como un trabajador insertado en una lógica de producción que le es propia y funcional a la actividad.

Las cualidades del fotoperiodista no están exentas, por cierto, de las que devienen de sus condiciones y habilidades en la cual referencia su producto. Así por ejemplo los fotógrafos que trabajan para la industria de la presa gráfica deportiva deberán exhibir habilidades propias de este género periodístico, (buenos reflejos, conocimiento de las reglas de juego, quienes son las figuras, que derivación tendrá éste u otro resultado, etc.) mientras que para otros segmentos de la misma industria se ponderarán otros aspectos, habilidades y  conocimientos.

Pero si quisiéramos señalar una característica común a todos los géneros y sub-géneros en los que comúnmente se segmenta el fotoperiodismo, diríamos que la principal cualidad sería la de saber adecuar información e impacto visual. El primero por que hace a la sustancia de lo que ofrece un medio que se reclama periodístico. El segundo por que la imagen, en tanto es fija, deberá no solo ser atrayente sino pasible de ser “leída” y proporcionar un plus que llame la atención agregando algo más que la mera descripción literal de lo acontecido. Esta relación entre información e impacto visual no se da en términos absolutos ya que está determinada por condicionamientos históricos-culturales. Varía con las épocas (variable de las “modas”) las geografías y los distintos segmentos de públicos objetivos. No será del mismo modo el parámetro de impacto visual recomendable o habitual para un medio de crónica policial “amarilla”, como la que circula en muchos países de Latinoamérica y otras partes del mundo, que la destinada a un medio que aborda la cultura, la moda o la información general dirigida a lectores bien informados. En cada caso la variable información-impacto funcionará bajo la imposición de diferentes lógicas.

Pero en todos los casos las  buenas cualidades del fotoperiodista pasarán por conocerlas según las coordenadas establecidas por el estilo y contrato de lectura con el público del medio al que pertenezca y, dentro de los márgenes que tiene para moverse, realizar su aporte personal.

 

KSC: ¿Cuáles son las etapas que se deben considerar a la hora de la realización del trabajo fotoperiodístico? ¿Qué profesionales intervienen en esas etapas? 

 

JM: En rigor hay dos grandes momentos en lo estrictamente vinculado al trabajo de un fotógrafo de prensa, una vez determinado el sujeto o tema a registrar: El momento de toma y el momento de edición. Y cada uno de estos a su vez reconoce una serie de operaciones vinculadas entre sí.

Por momento de toma se debe apreciar, en primer lugar, el conjunto de acciones destinadas a obtener la mayor cantidad de imágenes susceptibles de ser utilizadas en la publicación o publicaciones que el evento pueda suscitar. Mientras el evento se está desarrollando el fotógrafo se encuentra en tensión frente a la necesidad de ser exhaustivo y sintético a la vez. No sirve que sea solo una u otra cosa.

Debe ser exhaustivo para que a la hora de ordenar la secuencia de desarrollo del evento el mismo pueda ser reconstruido  y así poder enfatizar algún aspecto en particular o significativo según sucedieron los acontecimientos. Esto último solo se sabe a ciencia cierta una vez que todo sucedió y pueda evaluarse lo importante periodísticamente. Cuando esto sucede la foto debe estar.

Pero de poco sirve cientos de imágenes cuando cada una sólo da cuenta de una pequeña porción de lo acontecido ya que serían necesarias muchas imágenes para contarlo. He aquí que esas imágenes que condensen sintéticamente los principales aspectos del evento serán las más apreciadas a la hora de llevarlas a la página, habida cuenta del espacio siempre escaso para el despliegue de imágenes.

Para lograr estos resultados no hay recetas, pueden pensarse estrategias, pero a la hora de la verdad solo se trata de buenas dosis conocimiento previo, intuición, picardía y bastante del escurridizo azar para estar en el lugar apropiado, en el momento justo.

El momento de edición corresponde al de la selección de imágenes y organización del discurso que es el que finalmente llega al lector y constituye el aporte visual al sentido que emana de toda la página como una unidad y no solo de la fotografía aislada.




Kaloian Santos Cabrera en el Blog de NOVA
¿Géneros...? en el fotoperiodismo
Fotogramas en torno a una teoría del fotoperiodismo - Parte I